El Paciente Activo

En las terapias psicológicas, existe en general, una visión activa del cliente. Se le pide que hable, que realice alguna acción, que tome decisiones, que complete algunos ejercicios. Suele decirse que la solución la tiene el cliente, puesto que es el mayor experto en sí mismo.

En cambio, en la mayoría de terapias naturales el paciente se mantiene en general pasivo, en una camilla o frente al terapeuta que le da indicaciones sobre su estado y las soluciones necesarias.

En las técnicas manuales, tal vez se le pida que se relaje y poco más. Muchos clientes pueden estar conformes con este tipo de terapia, e incluso, agradecer no hacer nada durante una hora mientras otra persona se dedica a cuidarlos. Seguramente, parar el cuerpo y la mente es una de las asignaturas pendientes de la sociedad actual, así que tener ese espacio de relajación es una bendición. Pero corremos el riesgo de que la persona no pueda parar la mente, y no sepa cómo relajar el cuerpo, haciendo el trabajo terapéutico más dificultoso. Las personas pueden llegar de la calle estresados, enfadados, nerviosos, tensos, etc. Y sin ninguna dirección ni experiencia previas, es difícil pedirles que consigan calmarse en una hora. Incluso si saben relajarse, mantener al paciente pasivo nos hace perder valiosos recursos.

En otras terapias puede que se le haga una serie de preguntas para conocer su historial, pero la solución final la aportará el profesional, sin tener en cuenta los factores psicológicos que originaron el problema o lo mantienen, o si las indicaciones son pertinentes para la personalidad del cliente, o se ajustan a sus posibilidades y deseos.

En Nour, abogamos por el concepto del “paciente activo”. Se trata de hacerle participar como agente activo de su sanación. Una forma es darle unas pocas instrucciones para que le sea más sencillo, por ejemplo, relajarse en la camilla, o mejorar el estado del ánimo, o reconocer el origen del dolor o la enfermedad. Estas técnicas pueden multiplicar la eficacia del tratamiento por varias razones.

  1. Consciencia: Al ser activa la persona va percatándose de sus pensamientos y sentimientos, y de aquellas acciones que realiza que le perjudican, y también de todo aquello que le es beneficioso.

  2. Responsabilidad: Si el cliente forma parte de las decisiones y las actuaciones del tratamiento, entonces su implicación aumenta, puesto que se siente escuchado y respetado, y las soluciones son más sostenibles.

  3. Motivación: Realizar una acción hace a los clientes actores de lo que les ocurre, les permite sentirse parte de la solución, y aporta herramientas que pueden ser usadas en casa.

  4. Globalidad: No sólo sanaremos el dolor o disminuiremos las consecuencias de una enfermedad, sino que podemos ir descubriendo las causas psíquicas que la han originado o que la mantienen en la actualidad, ayudando a sanar la persona en su totalidad.